Mis ultimas acciones en el país



El Día de La Plata, abril de 1960
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En abril de 1960, viene del interior una camioneta con la orden de entregarme explosivos en mi domicilio de calle 5 entre 37 y 38. Resulta que no me encuentran y como no querían volver con la carga, ni seguir teniéndola encima, la llevan a la CGT y desde ahí Logiurato la entrega en la Sede de ATE, en calle 57 entre 2 y 3.
Como ya relaté desde allí funcionaba una célula muy activa. Y siguiendo directivas, empiezan a colocar las bombas ¡En una sola noche hacen reventar ocho!
En La Plata ocho bombas juntas eran como fuegos artificiales. Todas fueron puestas en lugares donde sólo provocaran daños materiales y conmoción.
Me acuerdo que una fue en un banco yanqui, por ejemplo. En ocho lugares "inofensivos", para hacer ruido: vidrieras rotas y todo el escándalo que producían. Siempre se evitó el resultado de tener que lamentar desgracias personales. Al respecto, no voy a dar nombres, pero recuerdo que en alguna oportunidad tuve que personalmente rehusarme a entregar los explosivos cuando consideraba que podía desviarse con determinada acción el espíritu que estimulaba la lucha, que era debilitar al gobierno, y no generar una tragedia.
Al otro día, el Jefe de policía saltaba de bronca. ¡Se imaginan!, enloquecido.
Todo esto está en los diarios.
En esos días nos citamos con Eduardo Leguizamón y Batisti, simulando que caminábamos por la diagonal 73, y Leguizamón me dice (no nos tuteábamos, era un tipo muy serio, Suboficial de la Marina): "Mire Rolando, en la Jefatura de Policía están locos con las bombas que hemos puesto esta semana, qué le parece si le ponemos la frutilla al postre y le colocamos una bomba en la misma Jefatura de Policía."
Entonces me explica que enfrente a la Jefatura, calle por medio, está la Plaza Rivadavia, donde hay una garita de gas.
Si la íbamos a poner ahí, era prácticamente ponérselas en la Jefatura. Después de escucharlos le digo, textuales palabras: "Bueno, ustedes tienen los materiales; hagan lo que ustedes quieran, pero tengan cuidado"
Le encargan la colocación a Lombardi, que era de la propia comisión de ATE.
El Jefe de Policía había mandado a todo sus fuerzas a patrullar. Estaba enloquecido
Nosotros teníamos información de adentro, el tipo estaba loco por las bombas que le habían explotado en esos días.
Había dado la orden que salieran a patrullar por todos lados. Patrullaban en auto, moviendo a los servicios de información que tenían por todos lados.
Entonces va Lombardi con una bomba alrededor de las 12 de la noche, pero cuando la iba a poner aparece un escuadrón de caballería. Un escuadrón que andaba recorriendo la ciudad. Andaban a caballo y en auto, pero se usaba acá en La Plata bastante la caballería, más que nada en las cercanías del Bosque, que queda enfrente de la Jefatura de Policía.
Cuando vio que venían los caballos, se corre unos metros para la esquina. Estaría con una valija, con un bolso, o quizá simplemente un envoltorio.
Por desgracia lo paran los policías, lo interpelan y le preguntan qué estaba haciendo ahí.
"Estoy esperando el ómnibus". ¿Cómo se llama?. Lombardi - le dice.
Se van los milicos, y al rato vuelve a la garita y pone la bomba. Fue una explosión que conmocionó al gobierno, ya que enfrente de la propia Jefatura de Policía era una burla.
Los tipos que tenía yo dentro de la Jefatura me decían que el Jefe gritaba: "... estos me la han puesto a mí, esto no va a quedar así!!!",
El Jefe de Policía llamó a todo el mundo. Empezó a convocar a los subalternos y los hizo responsables uno por uno para que encontraran a quienes le habían hecho la operación.
Entonces van investigando pormenorizadamente, y llegan a la información de esa patrulla de caballería. Alguno se acordó que a tal hora, un rato antes de la bomba, en una esquina cercana, había un tal Lombardi.
Buscan todos los Lombardi que había en La Plata, unos eran muebleros, otros que sé yo..., hasta que averiguan que había un Lombardi en ATE.
Van a ATE, lo agarran a Lombardi, y le meten picana fuerte. Luego también a Logiurato, a Babi Molina y varios más.
Y encuentran (por suerte habían sacado las bombas, las habían llevado al Sindicato Gráfico), las directivas que yo les había dado de Perón. Fue un escándalo.
Así que fueron torturando con picana a todos los activistas sospechados preguntándoles ¿Quién tenía las bombas? ¿Quién trajo estas directivas?. Alguno, pobre, no aguantó y les dio mi nombre
Yo ya estaba al descubierto totalmente. Repartieron inmediatamente fotos mías a toda la policía para que me buscaran.
Todo esto salió después en los diarios. Salieron las directivas de Perón que habían encontrado en ATE a media página. También mi pedido de captura.
Cuando veo que se produce la detención de Lombardi, empiezo a avisarle a todos los que pude y me escapo para Buenos Aires.
Mientras yo simulaba trabajar en Capital, uno de los puntos de reunión era la oficina del profesor Cabrera (colega mío como profesor de educación física), en calle Florida 165 entre Mitre y la que era Cangallo. En el tercer piso tenía ese escritorio que simulaba ser una empresa pero servía para reuniones políticas. En esas reuniones participaba, entre otros, Arturo Jauretche.
El profesor Cabrera vivía en el mismo edificio, pero en el último piso.
Al llegar a Capital, voy a lo de Cabrera y me deja esconder en su departamento, en Florida. Pero tenía que entrar solamente a la noche.
Pero resulta que en el Gran Buenos Aires se habían constituido células muy activas, y bien violentas.
Una de esas células había sido infiltrada. La componía un supuesto ingeniero Lorenzo, que actuó de la misma manera que Astiz con las Madres de Plaza de Mayo. No se como hizo, pero logró integrar la célula.
Él conseguía las bombas y los muchachos las ponían. Pero resulta que al tiempo los militantes que emergían para accionar y colocar las bombas, caían presos. Y este supuesto Lorenzo no caía nunca. Paso tres veces así. Entonces empezaron a sospechar. Los compañeros lo investigan, lo siguen y se averigua que este Ingeniero Lorenzo era en realidad el Mayor Cabrera, de los Servicios de Inteligencia.
Cuando descubren eso, que los Servicios de Informaciones pretendían tomar como práctica infiltrar las células, y dar las bombas para grupos que luego caían descubiertos, los compañeros decidieron dar una especie de escarmiento.
Entonces un grupo decide ponerle a este Mayor Cabrera en el jardín del frente de la casa, una buena bomba. Vivía en Saavedra, eso me acuerdo bien. El tipo era un capo de los Servicios y tenía un regio chalet. Le ponen un cajón de explosivos en el jardín del frente de la vivienda. Prende, revienta, y como él tenía las bombas adentro que usaba para infiltrar las células, revienta el jardín y por "simpatía" revientan todos los explosivos que él tenía, volando toda la casa, matando a la hija que estaba adentro.
Con una mala suerte increíble, en el edificio de la Galería Güemes, donde yo pernoctaba en el departamento del Profesor Cabrera, en el cuarto piso había una oficina de los Servicios de Información, cosa que yo obviamente no sabía.
Y el Mayor Cabrera cuando le revientan la casa, va y se refugia a escondidas por temor en ese piso. Entonces, los muchachos, siempre con la bronca de haber sido infiltrados y culpando al Mayor Cabrera de haber mandado un montón de compañeros a la cárcel y a la tortura, lo siguen y le ponen una nueva bomba en ese edificio.
Yo no estaba al tanto de nada. Se imaginan, en Florida y Mitre, pleno centro. Fue un escándalo.
De hecho, a ese edificio que había encontrado como escondite, no pude entrar nunca más, porque estuvo después con custodia permanente.
Estaba acorralado, sin poder volver a La Plata ni tener lugar donde esconderme en Capital, por lo cual como relataré más adelante, decido salir del país.

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