El comienzo de la Resistencia
![]() ![]() ![]() ![]() El Descamisado - Año 1 número 1 - Uno de los primeros diarios que circulaban clandestinamente y que traía en tren desde Buenos Aires. 30 de nov. de 1955 |
El
bombardeo a la Plaza de Mayo del 16 de Junio de 1955 produce en mí, justamente,
un fuerte impacto emocional debido a lo trágico que resultó ese
hecho, y a la evidencia que en el país se producía un cambio drástico
en la subsistencia del pueblo.
Por ello, inmediatamente entré a buscar coincidencias con los compañeros
más cercanos, a efectos de oponernos a lo que veíamos se aproximaba.
Producido el golpe definitivo de Septiembre, con la destitución del gobierno
peronista, entramos en acción rápidamente.
No podía esperar para accionar. Así que con los pocos con que
me encontraba (todavía no me habían dejado cesante en mi empleo
y aprovechaba todos los contactos que tenía: dirigentes gremiales, políticos,
y gente común), empecé a exteriorizar mi disposición a
oponerme al gobierno que, ya se veía, venía violento. Se habían
producido el levantamiento de Rosario donde habían matado a varios peronistas,
las primeras detenciones de legisladores y dirigentes peronistas, la persecución
y encarcelamiento de los militantes que manifestaban su oposición al
nuevo régimen (ver en los relatos de mis detenciones). Y también
la silenciosa represión a todo el que fuera peronista: en las fábricas,
ministerios y universidades, con cesantías y marginación. Todo
esto genera una parálisis en la reacción del peronismo, y también
hay que decirlo, parte de miedo y desconcierto, ya que el líder del movimiento
estaba en el extranjero.
No eran momentos fáciles, pero mi frase, con la que remataba la charla
con cada compañero que intentaba "reclutar", lo recuerdo perfectamente,
era "Sin ser más valiente que nadie, aunque sea yo solo, me voy
a oponer al gobierno de todas las formas que sean necesarias".
Y así trabajaba todos los días para conseguir el apoyo de nuevos
compañeros, a la vez que buscaba la coordinación con otros que
ya empezaban a accionar, a efectos de tener organizado lo que se debía
hacer.
MI CESANTÍA
Me
dejan cesante por peronista en Noviembre de 1955. Me denunciaron los que se
engancharon con la Revolución Libertadora, diciendo que mi actividad
era abiertamente peronista. Me acusaron primero de que como yo organizaba los
torneos intersindicales y en ellos se invertía mucho dinero, debía
haberme aprovechado de los fondos de la Dirección de Educación
Física para beneficio propio o del Partido.
Nombraron un abogado sumariante que me inició una investigación,
el Dr. Bolla, con el que a raíz de esta relación quedamos como
amigos. En el expediente aclaré detalladamente como manejaba yo esa actividad
y que no administraba dinero, que sólo era el organizador, el dinero
lo manejaban los contadores. Salí absuelto.
Pero la Dirección de Educación Física había sido
intervenida, como fueron intervenidos todos los organismos del Estado. En este
caso por tres dirigentes, un comunista y dos socialistas: uno de ellos descendiente
directo de Juan B. Justo, un tal D'ollan. Luego, vaya paradoja, fueron procesados
por malversación de fondos.
Entonces, aunque del sumario salí limpio y sin ningún cargo en
contra, estos interventores fueron informados por parte de los adversarios que
tenía en la Dirección (generalmente radicales contra los que yo
me enfrentaba a diario), de mi actividad peronista. Les habían hecho
llegar un artículo de los diarios en donde yo organizaba un homenaje
a Juan Manuel de Rosas en la Plaza San Martín de La Plata. A partir de
ello justamente se me acusaba de ser nacionalista y me incluyen en un decreto
colectivo de cesantía junto con un montón de compañeros.
En ese decreto no se animaron a manifestar las razones políticas que
lo motivaban, así que quedamos todos "cesantes sin causa".
Intenté conseguir el seguro de desempleo, pero me lo denegaron porque
me informaron que estaba en condiciones de jubilarme. Entonces inicié
los trámites (el Instituto de Previsión Social estaba en ese entonces
en 11 y 53, donde ahora funciona Radio Provincia). Iba todas las semanas y nunca
había novedades de mi expediente, hasta que un día la empleada
de Mesa de Entradas, un poco preocupada por mi situación me dice "No
sé que pasa con su expediente, ¿usted que hacía antes de
quedar cesante?. Entonces le cuento de mi actividad como peronista y recuerdo
que textualmente dice, con gesto de habérsele revelado una verdad: "Ah...
ahora entiendo... ¡Su expediente tiene plomo! Siempre está debajo
de la pila, nunca va a salir".
Y así fue, mi trámite de jubilación duró añares.
Eran sutiles maneras de condenar a los peronistas, que se repetían en
todo el país y de diferentes formas.
La malaria y los primeros movimientos.
Entonces, sin trabajo ni jubilación ni un peso en el bolsillo, empecé
a vender uno a uno todos mis muebles para poder comer, mientras que junto con
otros compañeros que habíamos quedado en la calle comenzamos a
ver la manera de resistir la situación económica.
Primero con Alfonso Lewille intentamos vender ladrillos, pero la cosa no anduvo.
Luego los compañeros Huwiller y el Dr. Carlos Carrasco se contactan con
una empresa italiana que vendía autobombas para incendio, metales y derivados.
Ahí me nombran Jefe de Ventas. Las oficinas de esta empresa estaban en
pleno centro porteño, en calle Esmeralda casi Córdoba.
Como lo único que me impulsaba a trabajar era mantenerme mínimamente
a nivel económico para seguir con la Resistencia, en definitiva este
empleo se transformó en una perfecta pantalla para mis actividades clandestinas,
ya que tenía que ir en nombre de la empresa a todas las fábricas
del Gran Buenos Aires y La Plata, para ofrecer los productos.
En esos viajes diarios me conectaba con todos los compañeros que estaban
activando, llevaba y traía información.
También traía a La Plata los primeros periódicos impresos
ocultamente que se oponían al gobierno y que sólo se conseguían
en algunos lugares de la Capital. Cuando en La Plata empezaron a circular, a
los Servicios de Inteligencia no les gustó nada y comenzaron a realizar
cateos a los que bajaban del tren. Así que empecé a descender,
ya no en la estación terminal del ferrocarril, sino que me bajaba en
una parada antes, en Tolosa, y de ahí me tomaba el colectivo hasta La
Plata.
Y así, tanto cuando viajábamos o mientras actuábamos en
La Plata, fuimos buscando organizar la manera de resistirnos a lo que ya venía.
Las primeras reuniones las hicimos en la casa de Huwiller (secretario administrativo
de la Cámara), en 8 y 54, con el Dr. Carlos Carrasco, Marizcurrena y
Otto Burgos, entre otros pocos.
Obviamente los diarios no decían nada de lo que pasaba. Para la prensa
Perón era sólo el Tirano Prófugo, y todo lo relacionado
con el peronismo se falseaba o manipulaba. La comunicación entre el pueblo
peronista se debía hacer boca en boca, a partir de reuniones o de los
diarios clandestinos, ya que la prensa toda jugaba para la estrategia del gobierno.
En ese momento los militares y sus aliados pensaban que con represión,
tiempo y Perón fuera del país, el peronismo iba a ir languideciendo.
LAS
PRIMERAS DIRECTIVAS DE PERON
Perón se había refugiado en Paraguay y nos hace llegar desde allí
el primer mensaje (está por ahí en el libro "Documentos de
la Resistencia Peronista", de Roberto Baschetti). Decía que la lucha
iba a ser larga, pero que él iba a seguir y que nos estimulaba para que
estuviéramos preparados para una lucha prolongada.
Después de Paraguay, se va a Caracas. De Caracas nos va haciendo llegar
sus mensajes. Esos mensajes nosotros los reproducíamos. Primero eran
cartas. Entonces nos reuníamos con la gente que estaba consustanciada
en seguir la lucha, viejos dirigentes gremiales y militantes en general. Me
acuerdo que siempre se hacían reuniones en la casa de un tal Villar,
que vivía en Diagonal 75 entre 19 y 20, y había sido dirigente
del sindicato de salud. Obviamente se buscaba gente de confianza, que tuviera
antecedentes de lealtad a nuestra causa y que realmente estuvieran dispuestos
a accionar, y también a asumir el riesgo que significaba poner su hogar
como centro de reuniones prohibidas.
El dueño de cada casa se encargaba de convocar a los de mayor confianza,
varones y mujeres, para leer los mensajes de Perón. Y así como
nosotros lo hacíamos, eso después se repetía en todos lados.
Cada uno se encargaba de mantener alerta a la gente, informándole que
Perón iba a seguir en la lucha.
De las cartas pasamos a distribuir los mensajes en discos (la única forma
de grabación oral de la época) que se pasaban en un aparato, en
el legendario Winco. Ahora la gente no sólo leía, sino que escuchaba
a Perón, y la motivación era mayor. Imagínense la escena:
5 o 10 compañeros alrededor del aparato, acercando los oídos porque
el volúmen se ponía lo más bajo posible para que no se
escuchara desde fuera de la casa, con las ventanas cerradas, y a veces, con
la luz apagada, por temor a ser descubiertos.
Tanto era así que los servicios de informaciones cuando eso se extendió,
y no lograban detener la red de comunicación que se había montado,
grabaron en discos mensajes truchos y los hacían circular, dando órdenes
contradictorias de Perón. Con una voz que imitaba la de Perón,
fraguaban los discos con órdenes falsas para confundir. Enseguida se
identificaron cuales eran los falsos y se empezó a avisar a la gente.
Fue una maniobra, por los menos precaria, de un gobierno que no encontraba la
forma de que la población diera por finalizada la etapa de Perón
en la Argentina.
Con los viajes para "promocionar ventas" me conecto con gente que
actuaba en Capital Federal y el Gran Buenos Aires en distintos grupos. Siempre
en colaboración con el compañero Lewille, con quien como ya dije,
nos habíamos juramentado cuando salimos de la cárcel de Las Heras
trabajar en la Resistencia Él pertenecía al sindicato petrolero
y frente al sindicato de petroleros estaba Cavalli (a quien luego matan, entre
otras cosas por negociar con Frondizi), que integraba entonces un cuerpo de
dirigentes de primera línea del sindicalismo.
Se produce la fuga de la Cárcel de Río Gallegos de John William
Cooke, delegado y enlace de Perón, Héctor Cámpora, ex Presidente
de la Cámara de Diputados, Jorge Antonio, anterior consejero de Perón,
Guillermo Patricio Kelly, dirigente de la Alianza de Liberación Nacionalista,
José Espejo, anterior Secretario General de la CGT, y Pedro José
Gómez, dirigente del sindicato de obreros petroleros. Se van a Chile,
donde Cooke se radica.
Alguien logra un contacto a través del compañero Roberto Guaresti
de La Plata, mediante un enlace con Cavalli, que lo visita a Cooke. Entonces
Perón cuando Cooke se radica en Chile, le da órdenes de que se
encargue de buscar un hombre que coordine la Resistencia, porque esto, lo nuestro,
se había extendido a todo el país, y el efecto era realmente positivo,
porque ya no sólo era distribuir y escuchar los discos, sino que ya eran
acciones de resistencia activa.
Se empezó con la acción directa, pero todavía relativamente
inofensiva. Más precisamente eran sabotajes: dar órdenes a los
compañeros de alguna localidad para que se abrieran todas las canillas
del agua corriente y así se vaciaran los tanques (ni los gobernantes,
ni los gorilas, ni nadie tenía agua), amenazas telefónicas a los
funcionarios militares y civiles del gobierno de la Libertadora, cortes de cables
de alta tensión, etc..
Una acción que era todavía moderada, pero servía, ya que
así la resistencia iba cundiendo, iba tomando cuerpo, y acercaba a los
compañeros y compañeras que querían participar.
Eso no sólo se hacía en La Plata, sino en todos lados del país.
Cuando Perón le da orden a Cooke que nombre un coordinador, viaja a Chile
Cavalli con el que yo estaba conectado y Cooke lo designa coordinador de la
Resistencia a nivel nacional.
A partir de esto, ya se empiezan a recibir directivas precisas y secretas de
Perón, vía Cooke, para Cavalli.
Se forma un cuerpo, un grupo de resistencia que integro, Gallo, Elías
Pioneta, Julio Troxler y yo entre otros.
Simultáneamente, se había formado una pirámide de organización.
Ya no era un accionar espontáneo ni desconectado.
Para ese entonces se habían producido ya las primeras acciones de relevancia,
como cuando el General Iñiguez intentó defender al peronismo en
Córdoba, convirtiéndose en un hombre de confianza de Perón.
Entonces Iñiguez forma también con militares un cuerpo de resistencia,
paralelo a lo civil. Este grupo se llamó COR (Comando de Organización
de la Resistencia)
Este COR lo dirige Iñiguez, quien empieza a recibir directivas de Perón,
ya por vía directa.
A su vez Perón también hace llegar directivas directas a los compañeros
de la parte gremial: Framini, Natalini... que producen la primer huelga.
Quiere decir que Perón formó tres frentes de lucha: el gremial,
el de los militares leales, y el de la resistencia civil.
De esa manera Perón empezó a guiar su estrategia. Según
le convenía accionaba a unos o a otros. Convocaba una huelga, intentaba
un golpe como el de Rosario, o intensificaba el accionar de la parte civil en
algún punto. Fue produciendo hechos distintos pero coordinados a su estrategia.
Los nuevos comunicados cada vez más estimulaban su retorno. De manera
que alentaban más la lucha.
LAS CONSECUENCIAS DE LOS FUSILAMIENTOS
Los
fusilamientos del 9 de Junio de 1956, en lugar de desalentar, incentivaron más
la Resistencia. A nosotros nos facilitó la formación de células.
Fue mucho más sencillo, porque indignó a la gente. En vez de acobardar,
eso motivó a que nosotros pudiéramos tomar más fuerzas.
Ya no teníamos que salir a buscar a los compañeros para que actuaran,
se nos ofrecían directamente.
La cosa se puso grande, se multiplicaron las células. En cada ciudad
no éramos diez o veinte como al principio los que actuábamos,
sino que se formaron varias células de cinco personas (la forma clásica
de resistencia civil). De manera que si agarran a alguno termina la cuestión
en los cinco.
Fui el coordinador de las acciones primero sólo en La Plata y zonas cercanas,
y después pasé a ser parte de la coordinación general en
Capital Federal, conectándome con los demás activistas del país.
Para ese entonces las órdenes de Perón eran ya de actuar con más
violencia. Habíamos conseguido que se formara en Córdoba un equipo
bien preparado de compañeros, que conseguía explosivos. Nosotros
ya contábamos con otro equipo en Olavarría que sacaba explosivos
de las canteras de Fortabat.
Así, unos las robaban, otros los traían y otros hacían
los "caños".
Empezamos a distribuir esos materiales en forma masiva. En la cadena de "obtención"
de los materiales, envío, distribución y luego colocación,
yo era el encargado de la distribución.
En mi zona era yo quien los recibia. Pero había varios grupos en todo
el gran Buenos Aires, me acuerdo de un grupo grande en Quilmes. En Capital no
tanto, pero el Gran Buenos Aires estaba bien organizado.
También se habían constituido distintos grupos en el interior
del país, en Córdoba, en Salta, en Mendoza, en Rosario, en San
Lorenzo... Entonces ya empieza la acción violenta y generalizada.
Poner bombas, incendiar campos... Se quema la Fábrica Rigoleau,... Está
en los diarios, diez, veinte bombas por día.
Eso hace que realmente el gobierno de Rojas - Aramburu tambaleara y no pueda
seguir. Lo desequilibraban los militares leales, las acciones gremiales, pero
lo más efectivo, lo que le afectaba al gobierno era la Resistencia Civil.
Porque ya no eran unas bombas aisladas, sino que cuando Perón ordenaba
que se incentivaran las acciones, era realmente una situación que desestabilizaba
al gobierno. Podían llegar a explotar 100 bombas en un día.
Mi accionar era intenso, ya que por la pantalla del trabajo (no vendía
en realidad casi nada) viajaba todos los días, iba a Capital Federal
y lo único que hacía era reunirme con los distintos grupos, recibir
las directivas y trasladar las directivas, formar nuevos grupos, y coordinar
la entrega de los materiales. Todo debía hacerlo con extrema cautela,
ya que en el accionar me jugaba la vida yo, y ponía en juego la vida
de la gente a la que contactaba. Por ello debía trabajar con gente de
suma confianza, que a su vez depositaba en mí parte de su destino.