Recomienza
la lucha
Relato
desde 1958 a abril de 1960
![]() ![]() ![]() ![]() Revista Mayoría 11 de enero de 1960 |
Las nuevas directivas
Como
lo había previsto Perón empieza nuevamente la lucha, ya que Frondizi
no cumple lo pactado.
En durísimos términos califica al gobierno frondizista por haber
traicionado sus compromisos. Denuncia que Frondizi está entregando el
país al extranjero, que siguen los dirigentes peronistas sometidos por
procesos fraguados por la dictadura. Lo denuncia también por continuar
con la ilegalidad del peronismo, por mantener la desnacionalización del
Banco Central, por encarcelar a obreros y someterlos a los tribunales militares
y por dar legalidad a todos los decretos-leyes de la Tiranía de Aramburu
y Rojas. Y en definitiva por cumplir con los mandatos que le imponen la oligarquía
y los militares, sin respetar el pacto firmado. "Es indudable que detrás
de este gobierno están actuando las fuerzas oligárquico-capitalistas,
representadas por los mismos parásitos que el 16 de septiembre derrocaron
con un cuartelazo al Gobierno Constitucional elegido por el Pueblo":
Así declara a Frondizi como enemigo del Movimiento Peronista y como traidor
a la Patria y al Pueblo, e indica que la acción que durante los últimos
tres años se desarrolló en la clandestinidad y en la resistencia
civil debe seguir con tenacidad y firmeza. "El peronismo debe ponerse en
pie de guerra, como en 1945, para combatir la explotación y la injusticia..."
Llama, sin medias tintas, al camino de la "resistencia y la insurrección"
Otra vez en la calle
A
partir de 1959 Perón empieza a mandar nuevamente directivas a través
del Comando, para que reactiváramos la resistencia, ahora contra Frondizi.
Como teníamos todo armado, no hubo nada más que empezar de nuevo.
En La Plata se habían formado varios grupos que habían quedado
en compás de espera por la orden de Perón. Cuando Perón
da de nuevo la orden de luchar, empezamos el accionar.
Continuó de la misma manera que en las últimas épocas de
Rojas y Aramburu, violento. Bombas, incendios y sabotajes.
En La Plata se habían formado cinco células, que no se conocían
entre sí. El único que las conocía era yo.
Volví a organizar el circuito de entrega de materiales.
El sistema funcionaba como una cadena: unos grupos robaban los materiales, otros
armaban los explosivos, otros los traían a La Plata, y se entregaban
a las células que eran las encargadas de realizar los operativos.
Dentro de esa cadena mi función era recibir los materiales, para luego
hacer las entregas a las células de acción directa.
El contacto con los compañeros era en la calle, no se hablaba en ninguna
oficina ni en ningún lugar determinado.
Mirándolo desde el presente me hace acordar a algunas películas.
Ahora lo cuento así como una cosa simple pero la cuestión era
brava.
Empiezo a recibir materiales y los entrego no sólo en La Plata, sino
a todo el Gran Buenos Aires. Había tres tipos de bombas: las de mecha,
las de detonador y las de tiempo.
Julio Troxler preparaba los relojes para las bombas de tiempo y me los entregaba.
Sabía del tema porque había sido de la policía.
Uno de los grupos más activos los constituían los compañeros
que funcionaban en ATE (Asociación de Trabajadores del Estado). Al grupo
lo formaban Eduardo Leguizamón, Lombardi, Haroldo Logiurato, Melo y Babi
Molina, entre otros. También un tal Batisti que había venido a
través de la Resistencia desde Rosario. Se había empezado una
especie de rotación de compañeros, para que no los conocieran
en los lugares donde venían a actuar.
Había otros grupos, como el de Miranda, Cantín, Hugo March y Casano.
En la parte gremial, uno de los más activos de La Plata fue Tito Pierini,
del gremio de los petroleros.
Yo también tenía conexión, a través de Delfor Díaz,
con un grupo de suboficiales que integraban entre otros Di Leo, Chávez
y Di Gracia.
Simultáneamente a este accionar de La Plata, se producía en el
Gran Buenos Aires, intensivamente, la colocación de bombas.
En Córdoba, en Mendoza, en todos lados.
Cualquiera que busque en los diarios de la época puede comprobar que
eran cien bombas por día que explotaban en el país.
Un grupo del Gran Buenos Aires le había colocado una bomba a Patrón
Laplacete, que había intervenido la CGT. La habían puesto, entre
otros, dos mujeres. Porque en la Resistencia intervinieron muchas mujeres, y
eso hay que destacarlo.
Anteriormente otros compañeros habían puesto una bomba en un edificio
de Luz y Fuerza. Atilio Moya, que había sido dirigente (creo que de los
azucareros), y una chica, que estuvo exiliada después que nosotros en
Montevideo. Era maestra, Lucía Arauz de Lamadrid. Uno la veía
y era una dulce maestra de primaria. ¡Y con ese apellido!. No sospechaban
nunca que actuaba en la Resistencia. Entre Moya y ella la pusieron. Ella le
hizo de apoyo en una confitería, en Once. Voló todo el edificio.
Había sido en Capital. Una bomba fuerte. Hizo estragos en el edificio
a dos cuadras del Congreso, detrás del Congreso.
Yo estaba cubierto por mi supuesto trabajo de jefe de ventas, pero tampoco era
creíble que pasara de ser un activo militante a sólo un promotor
de venta de metales, así que para despistar mi actividad dentro de la
Resistencia, yo también actuaba en distintos estamentos. Habíamos
constituido la Comisión de Retorno de Perón con el Capitán
Otero, Juan Unamuno que había sido socialista convertido en peronista,
Huwiller, Carlos Gelaber, el Dr. Carlos Carrasco, entre otros. Fue la primera
Comisión pro retorno de Perón.
Para esa época se produce el intento de subversión de los Uturuncos
en Tucumán. Uno de los hijos de don Juan Unamuno que integraba conmigo
la comisión de retorno de Perón estaba es esa organización,
que a la manera de la guerrilla rural, se habían encerrado en la sierra
de Tucumán. Desde ahí amagaban con propagar sus acciones.
Este hijo, nos pide a través de Unamuno que le hiciéramos llegar
radios y planos de la zona, para poderse desplazar. Eran ya guerrilleros. Entonces
yo, que a esa época no estaba descubierto como miembro de la Resistencia,
voy al Instituto Geográfico Militar y compro los planos de la zona y
se los hago llegar a los guerrilleros Uturuncos.
El Ingeniero Cédola, que había sido Ministro de Obras Públicas
de la Provincia de Buenos Aires, colaboró con el dinero para la compra
de "materiales".
Compramos radios y les mandamos a este grupo Uturuncos, que al final se tuvieron
que entregar. Pero crearon un foco de rebelión que cambió la forma
de enfrentarse al gobierno. Asustaron bastante.
Uno de los que colaboraba conmigo e integraba la Comisión de Retorno
de Perón, era como ya dije el Doctor Carlos Carrasco, que lo habían
cesanteado como Juez por peronista.
Trabajaba en Buenos Aires de abogado, con otros abogados en un escritorio en
Cerrito y Avenida de Mayo.
En La Plata, nos reuníamos en la casa de Huwiller, en calle 8 y 54. Huwiller
había sido Secretario de la Cámara. Nos reuníamos en la
casa de él, con este Doctor Carrasco, Otto Burgos, Marizcurrena, entre
otros. Carrasco colaboraba con información. Como él tenía
contacto con otros abogados, traía información de los Servicios
de Informaciones, de las altas esferas de la Nación.
La acción era intensa y peligrosa, recuerdo que al caminar por la calle
continuamente miraba para atrás y para los costados, esperando que en
cualquier momento me descubrieran.