Islas Malvinas
Cámara de Senadores de la Provincia de Buenos Aires
10 de junio de 1974


Agradezco que se me haya conferido el honor de ser yo quien tenga la responsabilidad de pronunciar estas palabras, que me permitirán con modestia pero con el orgullo y la firmeza con que siempre exalté el derecho imprescriptible de nuestro país sobre esos territorios, sumar nuestra voz a la de todo el pueblo, para que ese derecho que a lo largo de más de 140 años, viene reclamando la Argentina, fructifique definitivamente con la entrega total y sin condicionamiento, de ese pedazo irredento de la Patria
Miles de páginas se llevan escritas en el permanente alegato para la reafirmanción que hoy expresamos a viva voz en este acto. Insignes juristas, tribunos y escritores, dedicaron su más enjundiosa labor durante estos años, para exaltar la irreductible posición de nuestra Patria, ante el inicuo atropello secular.
Desde el día del vil despojo, aquel infausto 3 de enero de 1833, todos los gobiernos que se sucedieron en el país, cualesquiera que hubieran sido sus orígenes, sus formas o sus componentes, sostuvieron invariablemente nuestra irrenunciable soberanía sobre las islas, ante todos los foros del mundo donde se pudo hacer oír la voz de nuestra Nación, logrando que en los más altos estrados internacionales se tomaran decisiones que son verdaderas definiciones en pro de la justicia de nuestra parte.
Hoy, que el pueblo argentino, con la representatividad más integral de toda su historia, gobierna la Nación, conducido por la inconmensurable genialidad del teniente general Perón, debemos retomar la característica de las gestiones realizadas durante el anterior gobierno justicialista, para culminar exitosamente frente a esta larga ignominia que nos subleva y nos humilla, cuando pensamos que en esta hora de reivindicaciones que se producen hasta en los más apartados países de Asia y Africa, nuestra patria soporta todavía la lacerante presencia de un intruso en las latitudes de su exclusiva pertenencia.
Es una afirmación innegable que las Malvinas son Argentinas.
Pero es necesario que todos los argentinos estemos investidos de una auténtica información y conocimiento de los hechos para que podamos sostener sin hesitar, esa afirmación.
Para ello es preciso que hagamos una incursión retrospectiva y que nos traslademos al lejano pasado de donde surge con toda evidencia la verdad que nos asiste.
Desde el año 1493, España tenía la reserva exclusiva de navegación en los mares de Indias, y Gran Bretaña la prohibición de aproximarse a establecimientos españoles, establecidos por distintas bulas papales y por tratados ratificados entre las potencias de esa época.
La Corona de España hizo valer ese privilegio durante varios siglos, no obstante el continuo intento de otras potencias por desconocerlo, especialmente por la Gran Bretaña.
Desde alrededor del año 1500, varios fueron los navegantes que se atribuyeron el descubrimiento de las islas australes que nos ocupan, pero ninguno de ellos había tomado verdadera ocupación de las mismas, ni aún los españoles.
Recién en el año 1748 el almirantazgo inglés se propuso fundar un establecimiento en las islas, pero alertada España, se opuso terminantemente.
En 1764 el conde francés Antonio Luis Boungainville, procedente de Saint-Maló (lo que da origen al nombre de Maloina o Malvina) llegó a las islas y fundó un fuerte que llamó Fort Royal o Fort San Louis, siendo esta la primera ocupación efectiva.
Al año siguiente el Comodoro John Byron de la Marina Real Británica recibió instrucciones de explorar las islas Pepys y Malvinas. Llegó así a la Malvina del Oeste desembocando al N.O. de ella en el islote llamado Trinidad por los españoles y Saunders por los británicos, en el lugar que denominó Puerto Egmond, en honor al Primer Lord del Almirantazgo, siguiendo posteriormente su viaje.
Dicho lugar era conocido por los franceses como Port de la Croisade y por los españoles como Puerto de la Cruzada.
Conocidos estos antecedentes en Londres, se envió una nueva expedición al mando del Capitán Mc Bride quien estableció el 8 de enero de 1766 una pequeña guarnición en el citado Puerto Egmond. Así, menos de dos años después de la ocupación francesa, los ingleses desembarcaron subrepticiamente en un pequeño lugar alejado de Boungainville.
No ocuparon ninguna de las dos grandes islas, ni la Malvina Oriental ni la Occidental.
España reaccionó. Primero ante Francia y ésta, tras negociaciones diplomáticas, reconociendo su Majestad Cristianísima los títulos hispánicos, dispuso que el Conde de Boungainville devolviera, el 1º de abril de 1767 el territorio ocupado que fue recibido por España y se abonaron a Boungainville los gastos efectuados en el intento de colonización.
No se compró el territorio; Francia lo devolvió por reconocer los justos títulos españoles sobre él.
Frente a Gran Bretaña, España asumió una actitud diferente, ya que sus reclamos no fueron satisfechos, y se demoró toda resolución que significara el retiro de una presencia clandestina e ilícita. Siguiendo órdenes del gobernador de Buenos Aires, don Francisco de Paula Bucarelli, de cuya gobernación dependían las Islas por real cédula del 4 de octubre de 1766, una expedición expulsó por la fuerza a los británicos el 10 de junio de 1770. A ello, siguieron arduas negociaciones diplomáticas. El proceso fue complejo, pues la situación amenazaba la paz europea. Finalmente se llegó a un acuerdo por el cual los ingleses podían volver a Puerto Egmond, señalándosele específicamente que ese acuerdo "no perjudica de modo alguno la cuestión del derecho anterior de soberanía sobre las Islas Malvinas".
No hubo objeción, Inglaterra aceptó dicha declaración y los ingleses volvieron a Puerto Egdmond el 12 de septiembre de 1771.
¿Qué había motivado esa solución?
Aparentemente Gran Bretaña buscaba sólo la reparación de la expulsión física, por el hecho de fuerza y quería una satisfacción. Como resultante de política europea, España la otorgó, con la reserva de la soberanía señalada con promesa formal de Gran Bretaña de devolvérselas.
Esta "promesa secreta" establecía que superado el incidente armado que fue desagraviado por España, Gran Bretaña se retiraría de las Islas sin ostentación, debido a la extrema situación interna que sobrellevaba su país, que hubiera agravado ante una retirada afrentosa de las islas, comprometiéndose a hacerlo superada esta situación. Pero recién lo hizo en el año 1774, dejando en el sitio una placa con las reservas de sus derechos. España retornó desde entonces al ejercicio de su soberanía hasta el año 1810.
Producida la revolución de 1810 las Islas Malvinas continuaron formando parte de Buenos Aires. Así fue interpretado por la Primera Junta. Posteriormente algunos buques argentinos viajaron a las Islas hasta que el 6 de noviembre de 1820, en nombre del gobierno de Buenos Aires, el Teniente Coronel de Marina David Jewitt al mando de la fragata "Heroína" tomó física y formalmente la posesión de las islas para el gobierno Argentino.
A ello sucedieron una serie de medidas administrativas hasta llegar al 10 de junio de 1829, fecha en que el gobierno de Buenos Aires dictó el siguiente decreto:
"Cuando por la gloriosa revolución del 25 de mayo de 1810 se separaron estas provincias de la metrópoli, España tenía una posesión material de las Islas Malvinas, y de todas las demás que rodean al Cabo de Hornos, incluso la que se conoce con la denominación de Tierra del Fuego, hallándose justificada aquella posesión del primer ocupante, por el consentimiento de las principales potencias marítimas de Europa y por las adyacencias de esta isla al continente que formaba el Virreinato de Buenos Aires de cuyo gobierno dependían. Por esta razón habiendo entrado el gobierno de la república en la sucesión de todos los derechos que tenía sobre estas provincias la antigua metrópoli y de que gozaban sus virreyes, ha seguido ejerciendo actos de dominio en dichas islas, sus puertos y costas a pesar de que sus circunstancias no han permitido hasta ahora dar a aquella parte del territorio de la república la atención y los cuidados que su importancia exige, pero siendo necesario no demorar por más tiempo las medidas que pueden poner a cubierto los derechos de la República, haciéndolo al mismo tiempo gozar de las ventajas que puedan dar los productos de aquellas Islas, y asegurando la protección debida a su población; el gobierno ha acordado y decreta:
Art. 1º Las Islas Malvinas y las adyacentes al Cabo de Hornos, en el mar Atlántico, serán regidas por un comandante político y militar, nombrado inmediatamente por el gobierno de la república.
Art. 2º La residencia del comandante político y militar será en la Isla Soledad y en ella se establecerá una batería, bajo el pabellón de la república.
Art. 3º El comandante político y militar hará observar por la población de dichas islas las leyes de la República, y cuidará en sus costas de la ejecución de los reglamentos sobre pesca de anfibios.
Art. 4º Comuníquese y publíquese.
Fdo. Rodríguez. Salvador María del Carril.

Transcribimos íntegramente este decreto porque en él, con toda claridad, se reseñan los títulos y la posesión de la república argentina respecto de las islas. Sucesora de España, le corresponde lo que era de aquella y tomaba las medidas necesarias para cuidar de sus posesiones.
Hasta entonces Gran Bretaña había guardado un permanente silencio respecto de las Malvinas. En el año 1825 había concertado con el nuevo Estado un tratado de Amistad, Comercio y Navegación sin reservas en cuanto a las islas. Sin embargo el citado decreto dio lugar a objeciones por parte del Encargado de Negocios Británico en Buenos Aires, señor Parish.
Cabe preguntarse qué es lo que había motivado esa nueva actitud británica. La respuesta se encuentra en el "Sea Power". Poder marítimo. Dice Bonifacio del Carril en la Asamblea General de las Naciones Unidas en 1965 "En agosto de 1829 el Foreing Oficce dirigió una nota oficial al Encargado de negocios en Buenos Aires, en la que decía entre otras cosas que dándose cuenta de la importancia creciente de las islas Malvinas para con sus relaciones con los diversos estados sudamericanos y de su extenso comercio en el océano pacífico el gobierno del Reino Unido estimaba altamente deseable la posesión de algún punto seguro donde sus buques pudieran abastecerse y si era necesario carenarse y en la posibilidad de que el Reino Unido se hallara empeñado en una guerra en el Hemisferio Occidental tal estación sería casi indispensable para poder proseguirla con éxito" Las Malvinas constituían un punto estratégico. Servirían además de base de aprovisionamiento para los barcos provenientes de Australia y el Pacífico Meridional. Tenían además ricos recursos pesqueros. Todo ello motivó el cambio de actitud.
Para dar cumplimiento al decreto mencionado del 10 de junio de 1829, el gobierno Argentino designó a Luis Vernet, fuerte comerciante que años anteriores había iniciado sus actividades en las Islas. Este funcionario trabajó intensamente y a fin de obtener rendimiento económico aconsejó al gobierno aplicar la ley de pesca. En su cumplimiento Vernet apresó algunos balleneros de bandera norteamericana reteniéndolos como garantía de los derechos. Enterado el cónsul nortemericano en Buenos Aires Jorge Slacum a cargo interinamente de la legación, reclamó al gobierno.
Pero sin esperar resultados mandó a la corbeta de guerra "Lexington" a rescatar las presas y someter a los "piratas" o sea a las autoridades argentinas. La Lexington disimulándose con pabellón francés entró en Puerto Soledad el 28 de Diciembre: se apoderó del comandante delegado Brisbane, ya que Vernet se encontraba en Buenos Aires, secuestró a los colonos que no consiguieron escapar, clavó la artillería, quemó la pólvora, destruyó las pocas armas, saqueó las propiedades y destruyó las casas. Los colonos fueron llevados a Buenos Aires y los balleneros norteamericanos pudieron pescar en libertad...
La despoblación forzada de Puerto Soledad por el atropello de la "Lexington" y la salvaguardia que hacía el gobierno norteamericano -pese a la doctrina Monroe- de los derechos ingleses para no indemnizar por el atropello, movieron al almirantazgo británico a apoderarse nuevamente de Puerto Edgmond. No parecía interesarles todo el archipiélago, sino una base para reparo de sus buques. El 29 de noviembre de 1832 el capitán Onslaw de la nave "Clío" levó anclas en Río de Janeiro y llegó a la desolada bahía de Edgmond, abandonada desde el Siglo XVIII, donde levantó un mástil con la bandera inglesa. Después y sin instrucciones, se presentó el día 2 de enero ante Pinedo encargado de la defensa de las Isla, intimándole el reconocimiento de la soberanía inglesa aduciendo falsamente haberse convenido así con el gobierno argentino. Pinedo sin fuerzas para resistir, se limitó a poner en su mástil en tierra la bandera argentina.
Al día siguiente, el 3 de enero de 1833, los ingleses desembarcaron, arriaron la bandera argentina e izaron la inglesa. Desde entonces está allí para escarnio de tantas generaciones de argentinos.
Esta es una apretada síntesis de los hechos que deben conocer todos los argentinos con respecto a la absurda retención que hace Inglaterra de nuestras Malvinas.
Debemos decir ahora, cuál es nuestra posición con respecto a la Antártida.
La comisión Nacional del Antártico fijó como límites para el sector argentino los meridianos de 25º y 74º oeste de Greenwich, el paralelo 60 de latitud sur y el polo sur. De ello resulta un sector circular con una superficie total de 4.000.000 de kilómetros cuadrados, de los cuales 1.230.000 corresponden a tierra firme. Si recordamos que toda la superficie del territorio nacional alcanza a 2.797.113 de kilómetros cuadrados, veremos cuán importante resulta la posesión de esta zona. Caen dentro de la misma, la tierra de Graham o Península Antártica y las islas que se extienden al oeste de ella, el archipiélago de las Shetland del Sur y el de las Orcadas del Sur.
También son argentinos los otros dos archipiélagos que junto con las Shetland y las Orcadas del Sur, integran el arco de las Antillas Australes: las Islas Sandwich del Sur y Giorgias del Sur situadas fuera del Sector Antártico.
La Argentina es sin duda uno de los paises que más razones tiene para extender la soberanía nacional hasta los hielos polares. Si nos basamos en razones de proximidad junto con Chile, constituyen las dos naciones más cercanas a la Antártida. Por otra parte, la cadena de las Artartandes constituyen la prolongación de la cordillera Andina en las islas y las tierras australes. En 1902 estableció un observatorio meteorológico en la Isla Año Nuevo, próxima a la de los Estados. Entre los años 1901 y 1903 el alférez de navío argentino José María Sobral formó parte de la expedición sueca que iba al mando de Otto Nordennskjold, salvada a la vez por marinos argentinos que navegaron en la corbeta "Uruguay" . En 1904 se estableció el Observatorio de las Islas Orcadas del Sur, cedido a nuestro pais por la expedición científica escocesa que dirigiera el capitán Bruce. Desde esa fecha el observatorio ha cumplido servicios sin interrupción. En el mismo año se estableció un servicio de correo que funciona en las Orcadas del Sur y atiende a toda la Antártida. Varias instituciones científicas argentinas están en contacto permanente con el material y estudio que proveen las bases y observatorios australes.
Entre los años 1962 Y 1965 tuvieron lugar dos importantes expediciones argentinas: ambas alcanzaron el polo sur geográfico. En la primera, dos aviones navales llegaron por primera vez al polo sur. Tres años más tarde, una expedición al mando del coronel Jorge Leal arribó por tierra al mismo punto. A 900 kilómetros del polo instaló la Base Alférez de Navío José María Sobral que es la más austral del país. El primero de Enero de 1970 se creó por decreto 18.513 la Dirección Nacional del Antártico que tiene por finalidad orientar, dirigir y controlar la actividad científica y técnica en el sector Antártico.
No podemos terminar estas manifestaciones de afirmación de soberanía sobre nuestros territorios del sur, sin hacer algunas consideraciones que obligan a tener en cuenta, que nuestro país debe incuestionablemente realizar una expansión de sus planes integrales para la explotación de las riquezas minerales, ictícolas, etc. que posee la región, y que debe llevar a estudiar, para un futuro próximo, la constitución de nuevas provincias: una marítima que comprendería el mar epicontinental, incluidas las Malvinas y otra, la Antártida propiamente dicha, con los territorios adyacentes al polo.
Señoras y señores: tenemos la responsabilidad insoslayable de reconquistar por las medidas más idóneas, la total independencia de las Islas
Malvinas para que ese promisorio futuro de riqueza permita a nuestra Patria ir al encuentro del año 2000, con las reservas que la humanidad reclamará para poder subsistir, como lo viene sosteniendo, con la clara visión que siempre se adelantó a los acontecimientos nuestro Conductor el General Perón.-