La Huelga contra Evita





De izquierda a derecha: Francisco Fanjul, Santos, Rolando Hnatiuk, Evita, "El Perro" Ramirez, "El Fundidor" Gomez, Victor Corvino, Vigot, Anibal Allegro, Borello

Me motivó relatar este hecho haber leído en el libro de Potash ("El ejército y la política en la Argentina" pag. 139) las siguientes citas, que integran el capítulo donde el autor trata las presiones ejercidas por el ejército para desplazar a Evita del gobierno peronista: "Una huelga de gráficos... impidió que aparecieran todos los diarios de la Capital y los mantuvo cerrados durante varias semanas. A través de rumores... pronto empezaron a circular versiones en los círculos diplomáticos, así como entre los corresponsales extranjeros y buena cantidad de argentinos, de que el ejército presionaba a Perón para que apartara a Evita de toda actividad pública. El prolongado cierre de los diarios hizo que los rumores transformaran el episodio en una grave crisis política"
Voy a ampliar lo acontecido por haber sido testigo directo de los sucesos.
Un grupo de gráficos que veníamos actuando desde la revolución del 4 de junio de 1943, nos reunimos inmediatamente después de producido el 17 de octubre, con la intensión de generar un movimiento político. Y considerando que nuestro gremio estaba conducido por comunistas, anarquistas y socialistas, opuestos a todos los propósitos del General Perón, en el seno del Partido Laborista nos constituimos en la Agrupación Gráfica Laborista.
Eramos siete gráficos que iniciamos esta tarea, que dimos la cara y formamos el embrión de lo que luego sería una gran agrupación: Juan Vigot, Estrada, Pantaleo, D'angelo, los hermanos Jorge y Ernesto Vila y yo.
Posteriormente, promovidos por nosotros, se constituyeron otras agrupaciones similares dentro de los sindicatos que no tenían conducción peronista. Todo este movimiento, que se dio a lo largo y ancho de todo el país, luego se va a transformar en lo que se llamó las 62 Organizaciones Peronistas.

Como las conducciones de los sindicatos eran opuestas a todas las medidas y a todas las posiciones del peronismo, nuestra agrupación actuaba en nombre de los gráficos apoyando las acciones del gobierno peronista, principalmente haciendo gestiones a favor de las mejoras que correspondían a los obreros del gremio.
Enterado de nuestros propósitos, fuimos bien recibidos por el Coronel Mercante, quien gobernaba la Provincia de Buenos Aires en ese entonces, y se nos dio total apoyo para nuestro desarrollo. Así pudimos cumplir algunas tareas de solidaridad: lo que no hacía el sindicato lo hacíamos a través de la agrupación.
Llegamos así a fines del año 1948 y por esas razones de acercamiento al gobierno de la provincia de Buenos Aires y, principalmente, por mi actividad en otras tareas políticas, un día me llaman de la gobernación diciendo que necesitaban hablarme. El tema era que se estaba produciendo una huelga de gráficos en la ciudad de Buenos Aires, al frente de cuyo sindicato que estaba cerca del gobierno pero fueron superados por los viejos dirigentes anarquistas y comunistas. Y llevaron a un paro total de actividades.
La cuestión era grave, porque a medida que no aparecían los diarios, la oposición hacía correr rumores de golpe de Estado, de debilitamiento del gobierno. El propósito de la huelga era, en el fondo, el de separar a Evita de Juan Perón, ya que se especulaba que era ella la que lo inclinaba a favor de las clases trabajadoras.
El paro estaba indudablemente enmarcado dentro de una estrategia de los sectores golpistas para desgastar al gobierno de Perón.
el motivo de la convocatoria a la gobernación era que el Secretario Gremial de la Provincia de Buenos Aires, Juan Carlos Suárez, un morocho que venía de la ciudad de Azul, citaba a algunos gráficos de mi agrupación, a otros de los talleres de Impresiones Oficiales y a obreros de la imprenta de Rentas, para procurar romper el movimiento, llamémosle "subversivo", que era la huelga. Fue así que nos invitaron a ir a Buenos Aires y procurar hacer salir los diarios.
Se formó un grupo inicial que se concentraba todos los días en la gobernación de La Plata y desde allí nos trasladaban al Diario Democracia, que era el único diario con orientación peronista. De La Plata salíamos seis o siete y en Capital se nos sumaban algunos más.
Ahí intentamos, conducidos por algunos dirigentes gráficos de la Capital, organizar las páginas que habían sido inutilizadas por los obreros para que no salieran los diarios, que en la jerga gráfica se llamaba "empastelar", es decir mezclar las líneas, las letras, para que las máquinas no pudieran funcionar.
Ibamos bien, pero como trabajábamos de día, y de noche nos volvíamos a nuestras casas, cuando regresábamos al otro día encontrábamos todo destruído.
Era porque los huelguistas estaban metidos en los talleres. Y aunque lo intentemos durante dos o tres días, no se pudo reponer la impresión.
Como vió que no podíamos salir adelante me convocó el director del diario Democracia, el Sr. Paso, para que le transmitiera al resto de los compañeros su agradecimiento por lo que estábamos haciendo, proponiéndo que continuemos luego de que se solucionaran los escollos. Quedamos en eso.
Luego del fracaso empezaron, para los que habíamos participado y principalmente para mí, unos tiempos difíciles. Los comunistas empapelaron las calles con afiches en mi contra, en La Plata y en Buenos Aires, marcándome como el principal "carnero" Me acuerdo que en los afiches me acusaban de "crumiro", que en el argot gremial significa carnero, rompehuelgas; el término viene de Rumania, si no me equivoco.
Taparon la ciudad con carteles. Nombraban a varios pero me acusaban como al principal, como responsable de haber intentado romper la huelga de los gráficos.
Estábamos sufriendo una durísima campaña. A los dos o tres compañeros que habíamos ido de Impresiones Oficiales, los otros compañeros del taller nos hicieron una campaña de repudio. En el mismo taller, los propios compañeros. No eran momentos gratos. ¿Qué peor para un sindicalista que romper una huelga? Era muy difícil ser considerado como un traidor.
Alimentadas por el frustrado intento de hacer salir los diarios, recrudecieron las versiones del golpe, y ya no sólo conspiraba el tema de la falta total de prensa escrita, sino que se había sumado a la movida el sindicato de los telefónicos, y hacían circular rumores permanentemente. Ya se había generado un clima de golpe que realmente afectaba al gobierno.
Pasaron unos días y me llaman de la gobernación, urgente, porque tenía un llamado en la secretaría de Eva Perón.
Me ponen en comunicación con Eva y me dice: "Mire compañero Hnatiuk, yo sé lo que le han hecho a usted y lo que le están haciendo. Y le hablo a usted personalmente para demostrarle y para confirmarle que lo que están haciendo con esta huelga es un movimiento político, no es un movimiento gremial. Para que usted esté tranquilo de lo que han hecho, yo personalmente lo estoy llamando.
Al mismo tiempo le quiero hacer un pedido, si es posible, ya que he logrado que un director de un diario nos acompañe para intentar con ustedes y otros compañeros de Buenos Aires, hacer salir los diarios"
El Dr. Rubio, que hasta entonces había sido director del diario El Mundo, diario famoso de la época, se había comprometido a sacar el diario, y Evita me estaba pidiendo que formara un nuevo grupo desde La Plata.
Sabiendo que estábamos pasando un mal momento, le explico que debía primero consultar con el resto de los compañeros para ver cuál era su decisión. "Haga lo posible. Cualquier cosa se comunica con el Coronel Mercante" Me dijo y cortó.
Yo estaba muy emocionado y enorgullecido. Me habían llamado desde la Secretaría de la Gobernación porque Evita nos necesitaba. Aquel momento es un recuerdo muy importante para mí.
La noté muy preocupada. Los militares querían separarla de Perón a toda costa y ella tenía que tomar cartas en el asunto.
Entonces, después del llamado me voy a calle 12 entre 69 y 70, donde teníamos la sede, y convoco a los integrantes de la agrupación, los que habíamos estado en la primera tanda. Le explico lo que pasaba y antes de escuchar la respuesta al pedido, les adelanto que yo estaba dispuesto a ir.
Aunque la distancia en el tiempo haga suponer que lo que teníamos que decidir era una cuestión simple, todo lo que estabamos sufriendo los compañeros, el repudio de nuestros propios colegas de trabajo, hacía que el tema fuera espinoso. Igualmente, sólo uno salió en contra. Resolvimos que si era Eva quien lo pedía, no podíamos fallarle.
Nos jugamos 11 compañeros de La Plata en esta patriada: Juan Vigot, los hermanos Bolívar, Santos, Borello, el perro Ramírez, Ponzio, Victor Corvino, uno al que le decían "el fundidor", y yo. Al número 11 la memoria me lo burló.
Entonces nos pusimos en comunicación con este Suárez. Aprendiendo del tropiezo anterior, ahora ya no nos llevaban y traían, sino que en el diario El Mundo nos concentramos, ahí dormíamos y comíamos, nosotros once más los otros de Capital, que al final sumábamos 38 gráficos.
Nos pasamos varios días armando la edición. Todos teníamos distintas especialidades: unos grabadores, otros fundidores. Yo me había especializado en un trabajo, la lulot, que es una máquina que fundía los títulos. Además, con Vigot nos dedicábamos al armado. Si hoy en día es complejo el trabajo de gráfico, imagínense hace más de 50 años.
Trabajabamos todo el día. En las noches, en el breve descanso que hacíamos, la compañera Eva Perón después de atender largas horas en el local del Hogar de la Empleada de Avenida de Mayo, las tareas sociales que ella había asumido, venía a compartir la cena con nosotros. Comíamos con ella unos sanguchitos que preparábamos y nos acompañaba en la mesa ¡Qué momento inolvidable! Venía para apoyarnos y demostrarnos que lo que hacíamos era un gesto político. Su presencia nos alentaba a seguir, a pesar de que sabíamos que luego tendríamos dificultades cuando regresáramos a nuestros talleres.
Me interesa destacar a un compañero que participaba por el grupo de Buenos Aires, Adolfo Mollo, un linotipista que venía desde San Nicolás. Años atrás, en 1940, me había apoyado para que me nombraran presidente de los gráficos nicoleños. Por esos días, ejercía el cargo de Jefe de la Secretaría Privada de la Presidencia, y pese a la jerarquía de sus funciones, se había sumado a nosotros en ese intento de romper la huelga en su calidad de gráfico linotipista.
El propósito de los golpistas era que llegara el 24 de febrero, aniversario del triunfo de Perón del 46, sin prensa. Intentaban ahí dar justamente el golpe. El esfuerzo que se hacía, por lo tanto era que para esa fecha estuvieran los diarios en la calle y así revertir la imagen de debilidad del gobierno.
Lo que estábamos haciendo era realmente importante. Poníamos escollos para la preparación de un golpe. Y tan así es que el clima era muy, pero muy espeso. Afuera del diario siempre había gente manifestando contra nosotros. Me acuerdo que tenía que andar con un revólver en el cinturón.
Le dimos duro, hasta que por fin pudimos organizar con éxito el diario El Mundo. Con el esfuerzo de todos logramos armar una edición precaria de pocas páginas, una especie de boletín mas que un diario. Pero lo importante era que públicamente aparecía el diario El Mundo, aunque sin avisos publicitarios.
Luego pasamos al diario Democracia y después a "Noticias Gráficas". Todos con ediciones precarias, pero eso dio lugar a que, justamente, los demás gráficos volvieran a trabajar y aparecieran los diarios paulatinamente en forma normal.
Y dado que el éxito o no de la intentona golpista se había centrado en el tema de la huelga, a medida que aparecían los diarios el clima golpista se fue disipando.
Logrado el propósito de romper la huelga, recrudeció el combate contra nosotros. Teníamos que aguantar el ataque insidioso, permanente. En La Plata, el que había organizado todo era yo, así que la campaña siempre apuntaba centralmente hacia mí.
A los pocos días nos llama Eva y nos invita a nosotros de La Plata y a los de Capital a la quinta presidencial de Olivos. En el quincho se organizó una gran comida para los que habíamos participado, con El doctor Rubio a la cabeza. Perón y Evita nos agasajan. Parece que aún lo estoy viendo a Perón, con su presencia imponente, nos alaba, nos agradece lo que habíamos hecho, y nos dice "ustedes son considerados Héroes del Movimiento y van a pasar a ser dueños de acciones "A" de los diarios, ¿saben lo que son las acciones "A"? . El sistema de control de los diarios de esa época se llamaba la cadena, que se manejaba desde una oficina oficial, por eso Perón tenía influencia sobre la propiedad de los diarios. Aún lo veo "¿saben lo que son las acciones A? Cómo diciendo ¿saben lo importante que es lo que se les está dando?
Y luego textualmente dice: "Todos ustedes tienen las puertas abiertas de la oficina de la Sra. Eva y de la Casa de Gobierno para lo que quieran, para lo que pidan"
Imaginen, para nosotros ese era el premio, que Perón expresara semejante agradecimiento.
Volvimos a La Plata. Hicimos una reunión los once que habíamos ido y resolvimos, aunque parezca mentira, muy fácilmente, no pedir nada material por lo que habíamos hecho.
Lo que sí aceptamos era que se nos pagara como su hubiésemos trabajado profesionalmente. Me acuerdo que me correspondieron 232 pesos, con los que le compre a mi madre todo un juego de cubiertos y vajilla. Algunos compañeros de Buenos Aires pidieron algunos una casa, otros unas máquinas, y se les dio automáticamente.
Con respecto a las acciones, también las rechazamos, incluso dentro de ellas estaban las del diario El Día, pero los compañeros de La Plata no aceptamos ninguna retribución que desvirtuara la gestión.
Corría el tiempo, y como la conducción del gremio en La Plata estaba en manos de comunistas, socialistas y anarquistas, (principalmente en manos de dirigentes del partido comunista), decidimos pedirle a Evita que nos ayudara a lograr la conducción del Sindicato.
Era imposible poder llegar a la conducción a pesar de que las bases eran mayoritariamente peronistas, porque como sucede aún ahora, la burocracia ponía mil trabas para poder presentarse a elecciones.
Entonces Evita llamó al delegado de Trabajo y Previsión, un tal Fazio y le ordenó que colaborara con nosotros. Fazio intervino al sindicato gráfico y puso al frente a un tal Llompard, dirigente de los telegráficos.
Los comunistas y anarquistas, muy hábiles, enredaron a este Llompard (que no era mal tipo), y en vez de allanarnos el camino ¡Nos expulsa a nosotros!
Reuní a la agrupación y dije -Hijo de puta, esto no puede quedar así...
Pedimos urgente una entrevista con Eva y nos recibió inmediatamente, ella atendía en unas oficinas en la calle Perú, y fui yo el encargado de decirle lo que estaba pasando.
Enseguida apretó un timbre, enérgica como era, y llamó a un tal Dr. Policichio, un secretario importante que tenia en la provincia de Buenos Aires. Apareció adelante nuestro todo atemorizado, imaginen, evidentemente se veía venir un flor de reto. Y así fue:
-PELOTUDO DE MIERDA, te pido que ayudés a estos muchachos y le ponés un interventor que los echa a ellos. Ahora estos compañeros te van a decir el hombre que van a poner. -Pelotudo de mierda. Repitió.
Entonces lo nombramos a Aníbal Allegro. Con él se abren las listas y se llama a elecciones. No quisimos ninguno de nosotros estar en las boletas, porque estábamos muy expuestos y cuestionados. Ganó nuestra lista y desde ese momento el peronismo pasó a tener la conducción del gremio.
Anualmente se hacía un gran acto en el obelisco y se le entregaba una distinción por el Día de la Lealtad a cada una de las figuras destacadas en distintas actividades. Era un importante galardón, se daba al mejor científico, al mejor deportista, etc. Era realmente una distinción muy importante.
Perón y Eva nos habían otorgado esa medalla pero, por lógica, no se nos podía entregar a los 38 que participamos en la reapertura de los diarios, entonces se la dieron en representación a un compañero de La Plata y a otro de Capital Federal.
De La Plata, subió al escenario Juan Vigot y por la ciudad de Buenos Aires el representante fue un viejito, del que no me acuerdo su nombre.
El segundo pedido que le hicimos, era para Juan Vigot. Trabajaba en el diario "El Día" de La Plata. Un compañero muy querido por todos. Era muy humilde, tan es así que a él le habían propuesto ser diputado por los gráficos, y no quiso aceptar. En lugar suyo salió de diputado un compañero Galeano.
En las imprentas de los diarios se empieza a laburar de noche y se termina a la madrugada, con un trabajo insalubre. Y este compañero Vigot, que ya de por sí era flaquito, se agarró una tuberculosis galopante, agravada por el envenenamiento en la sangre que produce la contaminación que surge del plomo de las máquinas.
Pedimos una entrevista a Evita para que nos ayudara y le explicamos que este muchacho se moría y Evita dio la orden que a Juan Vigot y a toda la familia se los llevara a Córdoba, adonde se enviaba a los tuberculosos, a los solarium, con todo pago. No obstante ello al tiempo murió.
A los que conspiraron para que de la huelga de los gráficos surgiera un golpe, (principalmente un Coronel llamado Castro en connivencia con dirigentes antiperonistas), el fracaso de la intentona no los detuvo. Así fue que continuaron con su tarea de horadar al gobierno esperando el momento oportuno para actuar. Y se produjo en el 51 al fin el levantamiento, que fue sofocado.
En lo que respecta a mí, nunca me perdonaron haber participado en aquella acción definitoria. Me siguieron una campaña feroz. Y aunque habíamos logrado la conducción del gremio, continuó por lo bajo contra todos los que participamos en aquella operación.
Tanto es así que en el año 1952 tuve que renunciar a mi trabajo en el taller de impresiones oficiales, a pesar de que me habían ofrecido ser jefe de una sección.
Por otra parte, continuó la comunicación directa con Eva, quien nos ayudó en repetidas oportunidades con nuestra tarea política y gremial.

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