El exilio

Como describo en el relato MI ULTIMA ACCION, en Argentina ya no tenía lugares donde esconderme y salía mi pedido de captura en todos los diarios y radios permanentemente.
Ya estaba descubierto, me catalogaban como un hombre de los más peligrosos, uno de los terroristas más buscados. Otro al que estaban desesperados por agarrar era a Juan Carlos Brid, que le decían "el alámbrico", era de Tigre y había hecho muchas operaciones en el norte del Gran Buenos Aires.
Le cuento al Dr. Carlos Carrasco lo que me pasa. Carrasco ahora me presta su Estudio Juridico, así que cuando él se iba con su socio, yo entraba y dormía en un sillón. Mientras tanto él buscaba la forma para que yo pudiera irme del país, porque estaba prácticamente acorralado, en cualquier momento me iban a encontrar.
Carrasco estaba conectado con otros abogados, entre ellos el Doctor Arce que había sido Intendente de Necochea. También con el Ingeniero José Cédola. Entonces juntos empezamos a evaluar las posibilidades para mi fuga del país.
Primero me estudian una salida por el Sur hacia Chile, pero averiguan que el paso estaba siendo controlado. Intento una salida al Paraguay, pero cuando me preparaba para viajar, me avisan que habían detenido al contacto que tenía para la salida, un diputado de Misiones. Después evaluamos una salida por el Delta, ya que había una gente que pasaba clandestinamente personas a la otra orilla. La vimos como una buena oportunidad, pero gracias al destino, a horas de mi partida nos avisan que estos tipos primero cobraban para realizar el paso, y luego también a cambio de dinero, entregaban a los que se fugaban a la Prefectura Argentina. Así cayeron varios compañeros.
Al final mi salida se dio por el propio Aeropuerto Jorge Newbery. Resulta que el ingeniero Cédola, quien había sido Ministro de Obras Públicas de la Provincia de Buenos Aires, tenía relación con Alejandro Olmos, y éste con un tal Germanó, que era gerente de una empresa de avión-taxi.
Así hicimos una reunión en la casa de Alejandro Olmos, estando también su hermano. Me conectan con Germanó, que había sido un famoso aviador de acrobacia aérea. Con él arreglamos el viaje en avioneta. A propósito, me asignó como piloto a un tipo que había sido Brigadier y era peronista, cosa que si me descubrían, yo podría darme a conocer y revelarle mis propósitos, con la posibilidad de que él trataría de cubrirme.
Pero no podía salir con mi nombre, porque estaba con captura, entonces Alfonso Lewille me da su Libreta de Enrolamiento, en una actitud muy arriesgada y que todavía hoy agradezco. A su nombre contrato en esta empresa de aviación un viaje a Uruguay.
No tenía que embarcar por el lugar corriente de los pasajeros, porque en la boca de salida del aeropuerto estaban los de seguridad con las listas y las fotos de los miembros de la Resistencia que tenían pedido de captura.
Entonces arreglamos con Germanó que yo tenía que estar en la sala de espera del aeropuerto y me iban a llamar como Lewille, para salir por una plataforma especial que tenían las empresas particulares, no por las salidas comunes.
Así fue que un día de abril de 1960 me dirigí al Aeropuerto. Hacía semanas que andaba con lo puesto. En ese momento tenía de equipaje un portafolios que todavía conservo. Adentro, sólo un calzoncillo y un piloto, lo único que llevaba encima. Cuando estaba escondido, lavaba el calzoncillo de noche, lo dejaba colgado para que se seque, y así poder usarlo al otro día.
Describían mi aspecto por las radios y los diarios, pero no había fotos pegadas. Las fotos las distribuían solamente a la policía y entre "los servicios". Entonces, para zafar de la descripción, me corté el bigote, me compré un sombrero y un toscano (que lo tengo en el cajón de mi mesa de luz, todavía) y me puse anteojos sin vidrio. En la mano llevaba el portafolios y compré un diario judío con letras en idish. Entonces esperé sentado en un banco de la sala de espera de Aeroparque vestido como judío.
Habíamos quedado que el llamado para embarque iba a ser a nombre de Lewille. Estaba sentado cuando aparecen en el aeropuerto Carlos Enio Pierini, dirigente del SUPE, y un tal Barba, que iban a Montevideo por la línea común ya que ellos no tenían pedido de captura. Estaba sentado ahí, vestido como judío, cuando viene Pierini y justamente se me sienta al lado. Pensé, si este me empieza a saludar como ¡Qué hacés Hnatiuk, como andás!, estaba frito, ya que había policías por todos lados y yo ya me había identificado como Lewille. Cuando mira el diario judío hizo un gesto, levanta la vista, me mira y no dice nada. Yo me quedé duro. Seguí pensando "si me pone al descubierto este, la policía se da cuenta y soné" Por suerte al instante llaman como habíamos quedado por los altoparlantes "Señor Lewille, señor Lewille, presentarse en tal lado, señor Lewille..." Salí como disparado del asiento
Entonces subo a la avioneta. Era el único pasajero. Tuve que argumentar mi viaje diciendo que iba a firmar un importante contrato a Montevideo, para justificar por qué alquilaba una avioneta para mí solo si un pasaje común salía cincuenta pesos y la avioneta costaba cinco mil pesos.
Tengo que aclarar acá que el gobierno uruguayo de ese momento actuaba en conjunto con el de Argentina, y detenía inmediatamente a los compañeros que llegaban y tenían pedido de captura. Había un comando de servicios de inteligencia argentinos instalado directamente en Uruguay. En combinación con la policía recibía a los detenidos y los mandaban directamente a la cárcel en Argentina. Por eso debo reconocer que en el viaje estaba muy tenso: con otro nombre, vestido de judío y con el pedido de captura a cuestas. No me acuerdo, pero seguro que transpiraría bastante.
No tenía que llegar al aeropuerto de Carrasco, porque había controles. Entonces volamos hacia Melilla, un aeropuerto secundario que está al costado de Montevideo. Cuando llegamos, cosa que no estaba en los planes, también estaba la policía controlando. Tenían todas las capturas nuestras en una planilla.
Bajo de la avioneta y se acerca un policía preguntando ¿quién es el pasajero? Y me pide el documento, Empieza a mirar la lista que tenía. Ya habían detenido a varios al llegar al Uruguay. Miraba, miraba, y evidentemente Lewille no estaba en la lista, (estaría Hnatiuk) Luego mira el documento, me mira la cara y me dice "No se parece a la foto"
Intentando relajarme para no delatarme sólo le digo "Lo que pasa es que la foto es de cuando tenía 18 años" Por un instante, me pareció que se daba cuenta y me detenía. Pero no. Me da el documento y se va. Respiré hondo.
Se largó a llover. Viajé con lluvia todo el tiempo hasta el centro de Montevideo.
A todo esto me estaban esperando Idelfonso Cavagna Martínez, que había sido Ministro de Relaciones Interiores de Perón, y Atilio Renzi. Ellos estaban exiliados, pero no como terroristas, sino tenían concedido el asilo político. Eran los que recibían a los compañeros que se refugiaban y los distribuían en distintos lugares. Siempre tratando de burlar a la policía uruguaya y a los agentes argentinos.
Para ubicarme a mí, tenían la referencia que en el barrio de Pocitos había un hotel que no estaba registrado como tal. Primero estuve medio día en un hotel del centro mientras averiguaban la seguridad del hotel de Pocitos.
Mientras estaba esperando que me ubicaran hotel, andaba por la calle 18 de Julio, todavía disfrazado, cuando me encuentro de nuevo de frente con Pierini y Barba. Cuando me enfrento con ellos lo pecho a propósito a Pierini, me mira sorprendido un segundo, y me reconoce: "¡Hijo de puuuta! ¡Hijo de puta! ¡Eras vos!
Entonces al final me llevaron al hotel ese que estaban consiguiendo. Estaba en Solano Antuña 1660, cuya dueña era una tal Gloria "Mimo" Pérez. Allí también se alojaron José María Pracánico (dirigente telegráfico), Juan Carlos Brid, Pedro Álvarez (de Mar del Plata), José Borro (hermano de Sebastián), entre otros.
Ese día nos reunimos en un departamento que tenía Cooke en la Rambla con Pierini, Barba y varios compañeros más, ya que se había armado una reunión de la Resistencia en Uruguay. En esa reunión estaba Petit de Berisso, y cuando me vio entrar me abraza y me dice "¡Hijo de puuuta! Por vos como me reventaron las bolas, ¿dónde está Hnatiuk? me preguntaban entre picana y picana,¿Qué te dio Hnatiuk? Por culpa tuya hijo de puuta!
Ese fue el final de una jornada agitada, que terminó distendida compartiendo con mis compañeros ésta y otras anécdotas y comentarios.
A partir de ese día cambió mi forma de participar en la Resistencia, ahora instrumentada desde el exterior. Y también marcó el rumbo de mi vida, porque la dueña del hotel de Pocitos donde me alojé, terminó siendo mi esposa.

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