EL 9 de junio de 1956
![]() ![]() ![]() ![]() Balas de avión recogidas de los techos de las casas cercanas al Regimiento 7 de Infantería de La Plata, después del ataque para sofocar la rebelión de los militares leales a Perón |
A
raíz de los contactos que había tenido con los dirigentes de otros
lados del país, (se habían logrado algunos encuentros grandes
en el Gran Buenos Aires, si no recuerdo mal el más importante por la
zona de Lanús), se empezaron a producir reuniones ya preparando un golpe.
Se realizaron varios encuentros en diferentes puntos del Gran Buenos Aires,
a los cuales yo podía ir sin despertar sospechas ya que si me paraba
la policía o los militares llevaba todo el material como para demostrar
que estaba promocionando ventas.
Como había sido jefe de Alianza, y tenía antecedentes por haber
ayudado a Evita a romper la huelga en su contra, adquirí cierta fama
de hombre de acción. Ello, y porque hacía meses que venía
organizando acciones directas, el General Tanco, que era el que preparaba con
el General Valle la Revolución del 9 de Junio, me mandó un emisario
que anduvo averiguando mis antecedentes y buscándome por todos lados
en La Plata.
El que vino a La Plata fue un muchacho flaquito, Alvedro, que es uno de los
que luego fusilaron en Lanús. Nos encontramos en una confitería
que se llamaba Bar Rivadavia. Me explicó todo lo que se estaba preparando
para el 9 de Junio, y de parte del General Tanco me propuso para que me hiciera
cargo de la parte civil en La Plata del golpe que se preparaba.
Me explicó todos los detalles de cómo iba a ser la cosa y con
cuanta gente se contaba.
Luego de oírlo, le dije que eran irreales las fuerzas que se tenían
como ciertas, ya que se contabilizaban mil hombres de acá, mil hombres
de allá y le dije que yo había estado en todas las reuniones preparatorias
y que en realidad eran siempre los mismos hombres que se tenían en cuenta
en todos lados, que no se podían sumar, ya que cada grupo ofrecía
a luchar a la misma gente, por un problema de descordinación. Le planteo
que para mí así la cuestión estaba condenada al fracaso.
Por lo tanto no acepté.
Pero quedé en contacto con este hombre y con el General Tanco, mientras
seguí mi accionar de Resistencia.
Luego, en esos días, por medio de un informante que tenía en la
Marina, un peronista llamado Francisco Suárez Requejo (que trabajaba
en Astilleros), me entero que desde la Base Naval habían hecho un ensayo,
sabiendo lo que se iba a producir. Habían calculado en cuantos minutos
llegaban de la Base Naval al centro de La Plata para reprimir el golpe que ellos
esperaban.
Ese compañero me fue muy útil, ya que estaba infiltrado en un
grupo de la Marina.
Entonces pedí una entrevista urgente con Tanco, a raíz de la información
que tenía con respecto a la cantidad real de hombres que actuarían,
sumado lo de la Base Naval. Y también en esos días habían
detenido además en La Plata (yo zafé porque me fui de la reunión
unos minutos antes) a todos los que estaban reunidos preparando aspectos del
golpe. Me convencí que estaban completamente al descubierto todos los
planes.
El enlace fue un compañero que había trabajado conmigo en los
torneos sindicales, dirigente gremial de Avellaneda, Federico Durrutti, quien
tenía acceso directo a Tanco.
Me presentó como un hombre de confianza. Entonces Tanco, Durrutti y yo
nos reunimos en una barraca de Dock Sud.
Le expliqué lo que yo estaba viendo. Entonces le digo que no se engañara,
que no había tanta organización como ellos creían. Porque
de Lanús le decían que tenían mil hombres, y esos mil hombres
los tenía fulano, y mil hombres de allá y mil hombres de acá.
Pero yo sabía que eran los mismos siempre.
Además le cuento el asunto que la Marina estaba esperando el golpe.
Luego de escucharme Tanco me dice: "Ya no podemos volver atrás,
ya esto está preparado y definido, tenemos que salir".
Lamentablemente sucedió lo que me esperaba, y tanto es así que
en muchos casos los compañeros ni alcanzaron a salir de donde estaban
escondidos, los fueron a buscar antes.